domingo, 7 de agosto de 2011

TENER PISCINA EN CASA Y NO USARLA, ¿OS SUENA?

Quien tiene piscina en casa apenas la usa y el que no la tiene piensa que, en el caso de que la tuviera, se pasaría todo el día en ella. Este es un triángulo vicioso que suele cumplirse y que te hace plantearse si realmente es poco apropiado que ya te construyan piscinas hasta en los pisos de protección oficial.

Llega el verano y suele haber dos formas de afrontarlo. Tomando vacaciones y escapando un tiempo de la ciudad o quedándose en casa para trabajar o por falta de pasta. En estos últimos casos, la piscina se plantea como una buena alternativa y la euforia veraniega nos lleva a empezar la temporada estival con un par de visitas esporádicas para darse un chapuzón y torrarse al sol.

Pero según pasan los días, bajar las escaleras y llegar hasta la piscina se hace cada vez más cuesta arriba. Con excepciones, la mayoría de la gente no le saca rentabilidad a este servicio, sin embargo, se trata de lo más caro dentro de las cuentas de la comunidad. Por el dinero que te ahorrarías sin la piscina, tienes para sacarte el carnet de un gimnasio (con piscina incluida), para todo el año. Al que, por supuesto, tampoco irás.

En mi casa, han puesto una piscina un tanto atrofiada. Así, mientras que puedes hacer unos largos “decentes”, tienes que tener cuidado al saltar desde un lateral para no abrirte la cabeza con el bordillo del otro extremo. Del césped ni hablamos ya que alrededor, tenemos el espacio justo como para poder tumbarse sobre el cemento sin que los pies toquen el bordillo.

1 comentario:

Usumbre dijo...

He vivido 5 años en una comunidad que se parece mucho a la de la fotografía, también con piscina. Ver la foto me ha puesto los pelos de punta, porque jamás he habitado un lugar que me haya dado tanta grima. Lo de la piscina, la gente que se junta allí, los niños gritando, los adultos gritando, todos gritando ... Es en ese tipo de comunidades es donde se junta toda la horterada, la chabacanería y la prepotencia de las ciudades. Al final, efectivamente, pagas un dinero por algo que detestas: la piscina.

Mi única conclusión después de aquellos cinco años: nunca más. ¿Que tú eres propietario de uno de esos apartamentos? Lo siento, chico, te compadezco.