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lunes, 21 de febrero de 2011
ESA MALDITA PERO NECESARIA PALABRA, POR NANDÍN
Si eligiésemos la palabra más utilizada por los españoles en los últimos dos/tres años creo que nadie tardaría más de unos segundos en decidirse. Si realizásemos un estudio como aquellos de los años 90 en Estados Unidos que decían que la palabra Jordan era la más usada por encima de Clinton o McDonald´s, mi apuesta sería a que Crisis ganaría por goleada. No soy capaz de discernir si a posteriori eso es bueno o malo, pero está ahí lo queramos o no. Darle la espalda al término sería tan insólito como un telediario de Antena 3 sin Mourinho.
Se puede pensar que no voy al grano, que este no es el tema de este blog. Nada más lejos de la realidad. Nuestra crisis, propia y muy diferente a la del resto, es un problema derivado de un boom inmobiliario que dijo un día… hasta aquí hemos llegado. No se parece en casi nada a la de EEUU que derribó el castillo de naipes. Entremos en barrena tratando de mancharnos lo menos posible:
1) Crisis Financiera o de las hipotecas sub-prime: muchos bancos estadounidenses se dedican durante varios años a prestar dinero a personas que no tienen ninguna capacidad de devolución de esa deuda. Unen todos esos “activos” que no son tal en paquetes con nombres rimbombantes pero que suenan realmente bien en los bancos europeos (ej; fondo estructural dinamizado para el desarrollo sostenible). Éstos los compran gustosos dada la confianza que se tenía en entidades como Lehmann Brothers. Un día ese pobre hombre deja de pagar y con él otros cuantos más porque básicamente no cabía un escenario diferente. Varios gigantes norteamericanos terminan por reconocer su terrible error y algunos siquiera evitan cerrar todas sus oficinas. Cada individuo que haya comprado algún activo “tóxico” o sus acciones estuvieran referenciadas a cualquiera de estas basuras sin valor real se ha quedado sin su pasta. Tan fácil.
Pensemos que por cada banco que cerró en pleno desastre financiero supuso miles de despidos directos y millones de afectados que perdieron todos sus ahorros; además, cada acreedor o deudor de los mismos siguió obligatoriamente los pasos de los que cayeron en la bancarrota. La Globalización hizo el resto. La facilidad de intercambio entre entidades separadas por millones de kilómetros provocó que estos conjuntos de hipotecas sub-prime se expandieran como una gripe por todo el mundo.
No obstante, por España, lo hicieron más bien poco. Sólo rozaron a Banco Santander y Bankinter, nada grave.
2) Crisis inmobiliaria o de vivienda: ya lo tenemos claro, lo de arriba no nos afectó como para tener a día de hoy un 20% de paro y caminar cerca de la intervención comunitaria. Ni mucho menos. La depresión española sólo se puede explicar por las características económicas y culturales de nuestro país. Para empezar, hemos crecido en las dos últimas décadas y media bajo un modelo en el que la vivienda sostenía la creación de valor añadido. La construcción ha llevado en volandas a toda la economía a un ritmo incomparable con cualquier otra rama y precios continuamente al alza. Nuestro sector estrella, demasiado estrella. Por otra parte, España es desde sus comienzos un territorio necesitado de financiación. Esto quiere decir que, mientras otros países son prestamistas por tener sus arcas con dinero para prestar, España necesita que le financien para luego devolver esa deuda. Esto no es nada grave, es tan sólo una vía necesaria que también llevan a cabo otros grandes países como EEUU. Esto tiene tan sólo un inconveniente, aquel por el cual dependes de bancos extranjeros para conseguir ese dinero.
Lo que ocurrió con el estallido de la crisis financiera mundial fue que los bancos que prestaban dinero a España cerraron su grifo y con ellos, también lo tuvieron que hacer los nacionales. Nuestros prestadores ya no podían alimentar a las empresas inmobiliarias ni a los hipotecados potenciales de nuestras fronteras. Se para la firma de hipotecas y las constructoras no lo soportan. Las inmobiliarias cierran y siguen cerrando. Entonces podemos hablar del estallido de la burbuja inmobiliaria, ya nadie es capaz de pagar esos precios desorbitados por una casa. La gallina de los huevos de oro enfermó de gravedad de tanto sobrealimentarla.
Constructoras derrotadas despiden a miles de trabajadores porque ya no venden pisos. Si no se vende tampoco se construye, y si no se construye disminuyen su actividad las empresas de electrodomésticos, cerámica, cristalerías, muebles, decoración e incluso automóviles. No hay salida.
No me quiero enrollar ni un párrafo más. Entended que todo esto empieza así y poco a poco va desplazándose y expandiéndose hacia todas direcciones, pero, diferenciemos bien ambas crisis y sepamos entonces por qué no salimos como lo han hecho o lo hacen el resto. Como dijo un día Laporta, ¡que no os embauquen!
martes, 18 de enero de 2011
RESUMEN ECONÓMICO DEL 2010
"La vivienda libre bajó un 3,5% en 2010 y acumula tres años de caídas"
(EL MUNDO: VER ENLACE)
"Resumen de las noticias inmoviliarias más importantes de 2010"
(EL BLOG DE SIMA: VER ENLACE)
COMENTARIO DE NANDÍN (http://nandinescribe.blogspot.com/): Resumen 2010, caminando hacia la meta.
No podría y sería presuntuoso hablar sobre el sector de la vivienda durante el año pasado excluyendo la situación económica y en concreto la presupuestaria que vive España. No hay noticias buenas, sólo la esperanza de que nos dirigimos hacia algo mejor. Algo mejor no por volver al nivel de vida de 2005, sino por conformarse con algo sostenible. Unas buenas bases sobre las que apoyarse. Olvidémonos del crecimiento de las dos últimas décadas del siglo XX, ese no es el espejo en el que mirarse.
El año comenzó entre rescates y nacionalizaciones de bancos, fusiones de cajas inestables por sí mismas y con un montante de deuda en las principales promotoras que delataban el curso del crédito. Estrangulado y sin visos de cambio. Entre Marzo y Mayo se observan pequeños repuntes en la vivienda (compra de segunda mano) los cuáles hoy sabemos que se debieron al adelanto de las familias por la subida del IVA y la rescisión de las deducciones en el IRPF. Poquito a poco el grifo del crédito se reabre y la vivienda lo agradece. En el último tercio nos dimos de bruces con la realidad, poco movimiento en el mercado y reacción a la baja de los precios. El gobierno cambia su estructura, presenta unos presupuestos en los que el gasto debe rebajarse un 8% y el ministerio para la vivienda es uno de los damnificados, ahora sólo es una parte importante de fomento. Con Pepiño hemos topado.
Así, 2010 nos deja una caída de precios en torno al 3,5% necesaria y ya acumula una disminución del 13% respecto a los valores culmen del boom inmobiliario. No es comparable al petardazo del empleo pero al menos sí marca el desencuentro entre una oferta sobrevalorada y la demanda insuficiente, la que antes debe preocuparse de llenar el carro de la compra.
Este curso parece habernos abierto los ojos a todos; ni vamos a recuperarnos en los próximos meses, ni creceremos en 2011, ni mucho menos se solucionará el problema de paro que hay en el país. Porque como todos deberíamos saber ya, en España hay una crisis de empleo que va mucho más allá de lo financiero. Y hoy por hoy el gobierno está más preocupado por las arcas del Estado que del resto. Lo primero es no ser intervenido y después… de momento no existe un después.
Este curso parece habernos abierto los ojos a todos; ni vamos a recuperarnos en los próximos meses, ni creceremos en 2011, ni mucho menos se solucionará el problema de paro que hay en el país. Porque como todos deberíamos saber ya, en España hay una crisis de empleo que va mucho más allá de lo financiero. Y hoy por hoy el gobierno está más preocupado por las arcas del Estado que del resto. Lo primero es no ser intervenido y después… de momento no existe un después.
Por eso, y aunque las últimas noticias sobre las grandes promotoras arrojan algo de luz al tema, no es lógico esperar una recuperación del sector de la vivienda en los próximos meses. Lo razonable sería que lo que comenzó en Septiembre (caída de un 4% en la compraventa de viviendas) sea una tendencia a la baja y estable de la actividad inmobiliaria. En ese supuesto los precios deben seguir cayendo, ¿cuánto? Acaso no lo suficiente.
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